Sin saber cómo, mayo ya había llegado y quedaba poco para que junio ocupara su lugar. Y, como siempre, vendría para dejar huella, no sólo en la piel, sino un poco más allá. Llegarían los esperados rayos de sol, las cálidas noches y los amores de verano de los que tanto se habla. Ese verano que sonaría a las canciones de siempre, ese verano con sabor a mar.
Sin embargo, por mucho que el tiempo hubiera pasado volando, todavía estaba presente la primavera. Esa estación en la que todo se había vuelto un poco confuso, pero mágico a la vez. Y, sin importar lo que hubiera ocurrido en el pasado, ahí estaban ellos dos una noche más, juntos. Juntos como años atrás. Sin necesidad de aparentar, más sinceros que nunca, más adultos que la última vez. Conociéndose un poco más, si es que eso era posible.